28 may. 2015

Nueva exposicion de un viejo letigio

Las islas Malvinas o Falkland, que inglaterra se apropiaba por la violencia el 2 de enero de 1833, expulsando a las autoridades argentinas, ocupan, al este de la costa patagonica, esta situacion notable: el paralelo que pasa por Puerto Gallegos, capital de la goberncion de Santa Cruz, y el meridiano de Buenos Aires se cortarian, mas o menos, en el centro de la islas principal.
En otras palabras: el grupo entero,compuesto, como se sabe de dos grandes islas rodeadas de una centena de isletas, podria inscribirse en un trapecio cuyas dos bases correspondian a los paralelos de Cala Coig y del Cabo de las Virgenes, y los costados convergentes, a los meridianos de Pringles y de Dolores, en la provincia de Buenos Aires. He aqui, por cierto, datos que no nos sacan de nuestra tierra, y que parecen confirmar los de la geologia y la botanica, las que hacen de las islas Malvinas una dependencia natural de la Patagonia. Deberemos examinar -y es este el fin del presente trabajo- si los hechos de la historia concuerdan con los de la geografia.
Las dos grandes islas centrales -dominadas hoy East Falkland y West Falkland -estan orientadas igualmente: N.E. - S.O., y separadas por un estrecho, Falkland Sound, sembrado de isletas en toda su longitud, que es de una quincena de lenguas, sobre una latitud media de diez o doce millas. La isla oriental tiene una superficie de 3.000 millas cuadradas; la isla occidental, designada antiguamente como Gran Malvina, no mide mas que 2.300 millas cuadradas; en fin, se calcula en 1.200 millas la superficie de todas las isletas circundantes; lo que da para el archipielago entero, un total de 6.500 millas o 16.700 kilometros cuadrados, osea alrededor de los cuatros quintos de la parte argentina en la Tierra del Fuego.
Todos, desde Darwin, han descrito el caracter desolado de este melancolico paisaje antartico, donde la tristeza de un cielo gravido y lluvioso se une a la desnudez de las cosas. Alternando con las colinas de cuarcita y arenisca, extiendense vastos eriales, sembrados de pantanos y turberas, sin otra vegetacion que rudos herbajes, con algunos arbustos debiles aca y alla, entre matorrales de brezos y espadañas. Asicomo en las islas entre los Fijords de Europa septentrional, la Shetland y las Faroer -a las que se parecen por el clima a pesar de la diferencia de latitudes- en las Malvinas, incesantemente barridas por vientos furiosos, no se eleva un solo arbol sobre las pendientes, al borde de los numerosos arroyos de agua cristalina. El sol palido de los cortos estios, no madura los cereales; y hasta las legumbres, sin abrigo, son a veces arrancadas por la tempestad. La hermosa gramunea Tussok Grass, antes abundante y tran nutritiva que tratan de introducirla en Escocia, se ha dicho rara, roida hasta el pie por las manadas nomades. Sin embargo, los pastos son siempre excelentes, y no solo los animales abandonados por Boungainville y vueltos cimarrones se han publicado alli; sino que la cria de buenas razas, introducidas por los colonos -especialmente el carnero cheviot- es una industria floreciente hasta en la isla occidental, que durante largo tiempo quedo desierta. La fauna, tan pobre como la flota, tambien se relaciona con la Patagonia. El unico cuadrupedo indigena, un lobo-zorro, pariente del culpeu, esta por desaparecer. La caza es todavia facil: pululan liebres y conejos, ocas, patos, becdas -sin contar el inevitable pinguino- se hallan por todas partes. La pesca menor no es menos productivas; en cuanto a la de la ballena y la foca, antes tan fructifera, dos siglos de destruccion sin regla ni freno la han consumido de tal modo, que puede decirse casi no existe ya en estos parajes.
No era posible que tres cuartos de siglo de ocupacion tranquila por el pueblo esencialmente colonizador, no llegasen a un resultado apreciable. Por cierto, la accion poderosa de Inglaterra, combinando felizmente la regularidad administrativa y el esfuerzo individual, se ha mostrado en las Falklands, como en todas partes, eficaz y practica. Ha logrado transformar en una verdadera colonia, provista de sus organos esenciales y que se basta a si misma, el refugio de pescadores furtivos y de aventureros en que la Soledad se habia convertido, sobre todo despues de cierta proeza norteamericana que relataremos pronto. Puerto Stanley, en la costa oriental, elegido como Chief Town por la administracion civil, cuenta un milla de habitantes -casi tanto como todo el resto del archipielago- con dos grandes casas de comercio, una caja de ahorros, varios almacenes, tres escuelas publicas, de las cuales una es catolica; ademas, cinco o seis travelling schoolmasters recorren las dos islas. Las ciento y tantas casas de la calle mayor, paralela a la costa, son de piedra y estan rodeadas de una huerta, sin contar el minusculo invernaculo con plantas floriferas que sirve de entrada a casi todas las residencias. El comandante Martial, de la Romanche, quien, en el curso de su memorable mision cientifica a Cabo de Hornos se detuvo alli en marzo de 1883, elogia el grato aspecto de la pequeña ciudad. Las comunicaciones con el continente y Europa, tienen lugar cada quincena por medio de los vapores de la Pacific Steam Navigation Company. Unas 50.000 cartas y casi otras tantas encomiendas postales, pasan anualmente por el Post Office. El presupuesto de esta colonia de la Corona, que es mas o menos de 400.000 francos, se calculaba en 1907 con un excedente de las entradas sobre los gastos. El comercio exterior -casi todo ingles- alcanzaba a 5.640.000 francos, de los cuales los tres cuartos o sea 4.186.350 correspondian a las exportaciones. Estas consisten, principalmente, en lana y pieles. La cria de ovejas es, en efecto, la Chief Industry; el año susodicho, el gana lanar pasaba de 700.000 cabezas; por los contrario, el numero de equinos (3.000) no aumenta casi y el de bovinos disminuye. La superficie de pastoreo pasa de 940.000 hectareas, de las cuales cerca de un tercio pertenecia en 1894 a la Falkland Island Company. La locacion de tierras de la corona a propietarios de ganado, forma, con los derechos de aduana, la fuente principal de rentas publicas.
En suma, como se ve, la situacion general de la colonia es excelente, y seria injusto discutir el exito material de la operacion emprendida contra nosotros hace ya tres cuartos de siglo. ¿Es esto decir que la coloni ha prosperado en todo y que el gobierno britanico debe sentirse absolutamente satisfecho? En primer lugar, la ocupacion de las Malvinas, consideradas como puesto estrategico, ha perdido -por el derrumbamiento del imperio colonial español y las transformaciones profundas de la marina- la poca utilidad que podia ofrecer antes. Como puerto de abastecimiento y caena, Stanley no parece tampoco estar llamado a un muy grande porvenir; el progreso de la navegacion de vapor, torna el lugar cada vez menos transitado y la modesta clientela de barcos pescadores no sostendria por si sola la existencia de un dock con talleres de reparaciones y maquinaria moderna. Punta Arenas y algun otro puerto del trayecto, estan destinados mas bien a servir de escalas en la gran navegacion interoceanica.
Resta unicamente la colonia de produccion, cuyo extado satisfactorio hemos comprobado. Tampoco es necesario exagerar el progreso material de las isls Falkland bajo la denominacion inglesa, cuando se tiene ante los ojos, en la Argentina, diferentes ejemplos de desarrollo economico, muicho mas rapidos y significativos. Guardemonos de parangones aplastantes que probarian muy poco, no siendo analogas las condiciones. Pero hay otro lejano territorio que, por su situacion geografica, su reducida poblacion, su limitada extension y varios de sus caracter fisicos, puede sin injusticia compararse con las islas Falkland, a las cuales se parece desde todos los puntos de vista.
La Tierra del Fuego argentina, punto extremo del continente austral, existia solo hace medio siglo por sus espesos bosques de hayas (de riqueza incalculable y cyua explotacion apenas se comienza) y por sus yacimiento auriferos, de resultados mucho menos seguros que los bosques. En 1888, fue introducido ahi algun ganado, a titulo de ensayo y sin pensar mas que en su consumo por los habitantes: 148 equinos, 9 bovinos, 280 ovejas, dicen las estadisticas. He aqui las cifras de veinte años despues, comprobadas por las comisiones censales: territorio de Tierra del Fuego: 11.851 bovinos; 16.173 caballos; 1.342.351 ovejas. Esto significa que en la Tierra del Fuego, donde era considerada produccion accesoria, la cria de ganado representa ya una cifra doble de la de las Falklands, donde es primordial, y esto despues de sesenta años de esfuerzos constantes, eficazmente ayudados por la accion oficial. Sin negar, pues, la importancia relativa de los resultados obtenidos, es de suponer que la Argentina actual los lograria mayores y menos costosos por el solo hecho de la proximidad. Podria inferirse que una colonia de mediana extension, irremediablemente privada de agricultura y situada tan lejos de la metropoli, de la que aguarda casi todo, casi no tiene razon de ser, considerando que su desarrollo economico seguira inestable y han cesado los motivos politicos de los que emana. La disminucion de la fuerza por el transporte a una distancia muy grande, es una evidencia mecanica. Pero nada de esto nos interesa, y es asunto del gobierno britanico reflexionar y ver si encuentra en ello ventaja.
Lo que, en desquite, nos atañe a nosotros exclusivamente, es exponer una vez mas y, si se puede, con mas rigor que hasta hoy, los derechos positivos e imprescriptibles de la Republica Argentina a la propiedad del archipielago, arrebatado de un simple manotazo en el momento -demasiado bien elegido- de su mayor debilidad.
Una vez hecha la prueba y debidamente establecida la evidencia -no, por cierto, con vanas argucias de abogado, sino con irrecusable documentos, interpretados segun severo metodo critico- puede ser que resulte superfluo demostrar subsidiariamente que una granja asi adquirida y conservada a este precio, termina por costas- revenue y expenditure aparte- mas de lo que produce.
Para Inglaterra en efecto, el lado grave, el verdadero fracaso de la ocupacion, consiste en esto: cumplido tres cuartos de siglo, el despojado no se ha conformado aun con el despojo. Nadie ignora en el mundo que la Argentina no ha dejado de protestar contra la usurpacion. Se refirma en su derecho y no quiere abandonarlo. La actitud es buena; la cuestion es mantenerla. No hay que decir que los efectos fueron nulos porque el detentador, despues como antes, conserva la posesion ilegitima y la disfruta sin obstaculo. La resistencia obstinada al hecho cumplido, que persiste siempre, no ha sido esteril. Ha producido, primeramente, el resultado de proporcionar un modelo y una leccion para la enseñanza  de la catedra y del libro: es decir, incorporar al derecho de gentes actual, segun puede observarlo cualquiera con la lectura de traditados y repertorios especiales, esta idea, esencial en el litigio, de que "la cuestion de las Malvinas es una cuestion pendiente". Quien desconociera dicha importancia so pretexto de que es enteramente doctrinal y no presupone nada, daria prueba de una ceguera singular. Para nosotros, aparece tan considerable que nos basta. No pedimos sino que se tenga por efectiva la declaracion teorica de los maestros del derecho internacional, a saber: que el caso de las Malvinas, siendo un asunto pendiente, permite procurar la solucion, sea de modo directo sea sometiendolo a un tribunal de arbitraje, ante el cual las dos partes expondrian la causa.
El gobierno britanico no acepta la alternativa. No desea ori las razones del adversario ni someter las suyas al examen de un juez. En enero de 1834, casi en el aniversario del atentado, lord Palmerston, Secretario de Negocios Extranjeros en el Gabinete de lord Grey, despues de haber dejado siete meses sin contestar la protesta del ministro argentino Manuel Moreno, se digno dar una fria explicacion que terminaba expresando el deseo de que el gobierno de las Provincias Unidas se diera por satisfecho y dejara de discutir los derechos soberanos de S.M. sobre las islas Falkland. Esta primera explicacion continua siendo la ultima. En adelante, la contraseña en el Foreign Office fue, como veremos, no responder a las reclamaciones argentinas sino con una negativa cortes de reiniciar la discusion.
El deseo de lord Palmerston no ha sido escuchado: no ha obtenido el silencio que reclama y trataba de imponer. Con una tenacidad tanto  mas meritoria cuanto su situacion era mas dificil, el gobierno de Buenos Aires no ha desertado la partida desesperada. Es sabido que las administracion regulares que se sucedieron despues de la organizacion nacional, tampoco la abandonaron. Periodicamente en su momento, la protesta oficial contra el acto de violencia de 1833 y la ocupacion ilegitima de las Malvinas, se ha hecho oir y no ha variado. Una de las mas recientes data de 1888 y se resume en esta declaracion final y categorica del Sr. Quitno Costa, dirigida al Encargado de Negocios britanico: "Servios transmitir al Secretario de Negocios Extranjeros, que la negativa del gobierno de S.M.B. a discutir sus pretendidos derechos a la soberania de dichas islas, o de someter el litigio a un arbitraje, no compromete absolutamente los titulos del gobierno de la Republica, el cual mantiene y mantendra siempre sus derechos a la soberania de las Malvinas, de los que fue desposeido por la violencia y en plena paz.
El interes particular de esta ultima protesta, consiste en que noera mas que el epilogo de una discusion provocada, algunos años antes, por el ministro de S.M.B. en Buenos Aires, a proposito de un mapa mas o menos oficial de Tierra del permitido pensar que el honorable Sir Edmund Monson, que llego mas tarde a las mas altas funciones de la carrera, debio su progreso a iniciativas diplomaticas mas felices que la de diciembre de 1884. El ministro Ortiz, tomado un poco de improviso, cometio el error de dudar y de no arrostrar la situacion defendiendo al Instituto Geografico. Si a la intimacion del enviado britanico el gobierno argentino hubiera respondido redondamente con el reconocimiento del atlas incriminado como trabajo oficial, hubiera sido mas molesto continuar el asunto en Downing Street que en la Casa Rosada. Sin embargo, el ministro Ortiz reacciono y redacto un memorandum, renovacion del de Moreno, que dejaba las cosas en su sitio, memorandum del que Sir Edmund quiso sacar -por los cabellos- la deduccion de que el famoso mapa del cual no se decia una palabra, no llevaba, decididamente, el sello oficial. Asi termino el incidente que mas hubiera valido, por parte de los ingleses, no provocar. Quieta non movere: tal deve ser la divisa de los poseedores sin titulo.
Siguese de aqui que, del ladoargentino debe ser recomendada la actitud opuesta. Toda renovacion de la disputa, favorece a los expoliados que estan seguros de reclamar su derecho. Ademas la Republica no tiene que preocuparse, llegado el caso, del malhumor que sus importunaciones terminarian por causar a Inglaterra y, menos aun, de las posibles consecuencias. Estas no podrian ser, en el peor de los casos, mas que una ruptura de las buenas relaciones existentes entre ambos paises. Pero los ingleses son demaciado practicos para correr deliberamente tal suerte. Nunca con un pais en el que cuentan cien mil de los suyos, de nacimiento o de origen; donde tienen 250 millones de libras esterlinas bien colocadas, de los cuales se sacan de 12 a 15 millones de renta, sin contar el beneficio de un intercourse anual que, por parte del Reino Unido, sobrepasa los 40 millones de libras, jamas, digo, enfriaria sus relaciones con tal cliente ni se podria en hostilidad abierta, actitud que daria satisfaccion a los otros fuertes proveedores de capitales y productos, proveedores que se disputan el mercado. En cuanto a la hipotesis de una nueva tentativa de violencia, o de simple intimidacion, en respuesta a un pedido justo y fundado en derechos positivos, hoy se puede sonreir dulcemente ante tales quimeras anacronicas...
Pero esta situacion no debe eternizarse. La importancia misma de las relaciones que existen entre ambos paises, les aconseja quitar este obstaculo de la carretera vecina. Inglaterra, bien convencida hoy de que la Republica Argentina no le dara jamas quitanza de tal desposesion, no puede ya retroceder ante la unica solucion honorable y definitiva del conflicto: el arbitraje. Le es mas digno y mas prudente no esperar la hora -proxima- en que la Argentina, con el derecho de hacerse justicia, tendra tambien los medios.
Nos ha parecido que la publicacion de algunos documentos ineditos, relativos al litigio historico, era una buena ocasion para retomar el estudio de cerca, con el espiritu de absoluta imparcialidad que es condicion inherente al metodo cientifico. El verdadero sabio no tiene ningun merito en mostrarse justo; lo es sin pensarlo y por el solo hecho de ser exacto. Lo exige su oficio, antes que su consecuencia intervenga; la exactitud es la justicia del espiritu. Por mi parte, he estudiado el caso de las Malvinas en si, como un simplre punto de historia, segun mis procedimientos habituales. El examen reflexivo de los documentos y actos historicos, me ha llevado la conviccion de que la Republica Argentina, como heredera de España, tiene sobre las islas disputadas exactamente los mismos derechos que sobre la Patagonia, y provenientes de los mismos origenes. Espero que el lector ha de llegar a una conviccion semejante. En todo caso, advertira bien pronto, por la manera en que trato los errores o sofismas de la evidencia argentina, que no tiene ante sus ojos un alegato de abogado. Mi partido no estaba tomado anticipadamente; era tan inseguro que, con la lectura de la memoria de Moreno y del paragrafo de Calvo, senti por momentos vacilar mi opinion definitiva. Pero adverti pronto -con placer, lo confieso- que la debilidad de la prueba radicaba menos en la causa en si que en la insuficiencia de informacion.
Esta no aparece completa en las paginas siguientes. Cuando llegue el momento de una exposicion integral, convendria consultar los archivos diplomaticos y papeles de Estado, para poner en claro diversas gestiones no conocidas; asi cierto conflicto suscitado veinte años antes del de Puerto Egmont (1748) por una primera tentativa inglesa que fue contramandada ante la posicion de España; o, tambien, los preliminares de la cesion de Boungainville. Una compulsa de importancia primordial, seria la de los Archivos franceses de las colonias, de la marina, de los departamentos y puerto bretones, par los viajes de lo maluinos, al Mar del Sur, de numero y significado muy distintos de lo que podria juzgarse por las nociones corrientes. A pesar de sus lagunas, espero que el presente bosquejo no estara enteramente desprovisto de interes ni de utilidad. Me ha parecido dividirse naturalmente en tres capitulos:
1º El origen de la ocupacion actual, donde se cuentan los principales incidentes de los conflictos americoargentino y angloargentino, con las negociaciones diplomaticas que fueron su consecuencias.
2º Los viajes de descubrimientos, donde son discutidos los hechos relativos a la prioridad.
3º Las primeras ocupaciones, cuyo tema se explica por si mismo. El orde cronologico aparece invertido; pero, al parecer, en provecho del orden logico. La cuestion resulta, primeramente, planteada por los sucesos de los años 1832 y siguientes: es, si se quiere, el enunciado del teorema cuyos antecedentes historicos proporcionan la demostracion

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