1 jul. 2015

Expulsion de la guarnicion inglesa

A la fragata inglesa Tamar, que se había retirado inmediatamente después de los hechos narrados, había sucedido las corbetas Favourite, mandada por Maltby, y Swift, por Farmer: pero esta se había perdido en una excursión al Estrecho de Magallanes, de donde la tripulación -menos tres hombres ahogados- pudo llegar al Puerto Egmont en una chalupa. Este desastre que dejaba sola a la Favourite, hacia mas vana toda actitud defensiva contra los cinco navíos españoles que, el 8 de junio, vinieron a acoderarse frente a Puerto Egmont. Solo la fragata Industria desembarco mas gente que la contenida en el fuerte ingles. La resistencia debió limitarse a dos días de coloquios y bellos gestos, seguidos de algunas descargas inofensivas, todo por el honor; después de lo cual se paso a los artículos de la capitulación, firmada el 10, entre el comandante Madariaga y los capitanes Farmer y Maltby.
Las condiciones eran moderadas en el mayor grado posible. Entregado el fortín, las tropas debían embarcarse con armas y bagajes, a tambor batiente y banderas desplegadas, en la fragata Favourite, que les llevaría fuera de los dominados de Su Majestad Católica.
Así se hizo, aunque con ciertos detalles de ejecución que parecieron particularmente hirientes al gobierno ingles: bajo pretexto de que el gobernador de Soledad no llegaba para firmar el inventario, la Favourite fue detenida por veinte días en Puerto Egmont y -dice el informe británico- para mayor seguridad, como de la Favourite fue sacado y guardado en tierra hasta el momento de la partida. Tal fue el origen del conflicto que estuvo a punto de encender la guerra entre ambas naciones.
Esta faz de la cuestión de las Malvinas, es la mas conocida de todas, gracias -en primer lugar- a la resonancia de los debates parlamentarios ingleses y, mas tarde, a la publicación de los documentos cambiados entre las cancillerías. La gravedad de las circunstancias y el interés publico que se asociaba a las peripecias de la discusión diplomática, engañaron sobre el verdadero carácter y el alcance limitado de aquella. De hecho y por la muy firme voluntad de Inglaterra, el conflicto internacional de 1770 -nacido de la injuria infligida a su pabellón -quedo circunscripto a la reparación de dicha injuria por España o al casus belli que surgía inmediatamente. El gobierno ingles no acepto ni siquiera la toma en consideración de los incidentes y primeros choques que habían precedido a la expulsión de sus súbditos por las fuerzas españolas; mucho menos todavía el examen de los títulos de una y otra nación a la propiedad de las islas. Puede uno convencerse de ello por la lectura de los "papeles de Estado" que siguen al presente trabajo. Bien lejos, pues, de conceder al incidente en si -como lo han hecho todos nuestros predecesores -una importancia exagerada, lo resumiremos en algunas lineas y no nos detendremos mas que en la extraña situación que siguió y parece ser, a la vez, su consecuencia y su contradicción.
Hemos indicado las precauciones tomadas por los gobernadores de Puerto Soledad y de Buenos Aires para que la noticia de los acontecimientos de Puerto Egmont fuera, primeramente, conocida en Madrid y no llegase a Inglaterra mas que en el momento deseado y por intermedio del gobierno español. Así pasaron las cosas. En efecto, por el embajador de España a Londres, príncipe de Masserano, tuvo el 10 de septiembre lord Weymouth, Secretario de Asuntos Extranjeros, el primer eco de la lejana agresión. El rumor, extendido rápidamente en el mundo de la política y los negocios, causo allí una sensación de estupor y de cólera que no hizo mas que acrecentarse cuando dos semanas después la Favourite entro en Spithead y despacho a Londres un correo portador de todos los detalles.
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