11 abr. 2016

Macri, Malvinas y el Síndrome de Estocolmo. Por Daniel Filmus

Daniel Filmus
Las promesas de cambio también han llegado a las políticas sobre Malvinas. La actitud del gobierno encabezado por Mauricio Macri se asemeja al comportamiento de quienes sufren el Síndrome de Estocolmo. Como bien sabemos, este síndrome hace referencia a la “reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o abuso en contra de su voluntad desarrolla una actitud de complicidad y un sólido vínculo afectivo con quien lo ha secuestrado”. El objetivo de este comportamiento de la víctima es evitar, a través del “vínculo afectivo”, que el victimario incremente el nivel de agresión. Si consideramos que toda “usurpación” significa un abuso, entenderemos por qué la estrategia que Macri propone no se aparta de la que los psicólogos han utilizado para definir este síndrome. Recordando las palabras que expresó Guido Di Tella cuando intentó llevar adelante una política similar a la que hoy pretende implementar el Gobierno, se trata de “seducir” al usurpador. Para lograr este objetivo, en la década de los 90 el canciller de Carlos Menem no sólo firmó acuerdos que facilitaban la entrega del petróleo y la pesca de la Plataforma Continental Argentina, también envió a los isleños unos tiernos ositos Winnie the Pooh. Los resultados están a la vista.

Islas Malvinas Argentinas, una causa arraigada
 en lo más profundo de nuestro Ser Nacional
La hipótesis que sostiene la estrategia de la política exterior estilo “Estocolmo” que pretende llevar adelante el actual gobierno se sustenta en la convicción de que los británicos no negociaron con la Argentina en los últimos años porque los gobiernos de Néstor y Cristina tenían una actitud muy dura con ellos. Desconociendo 183 años de historia de usurpación, Macri imaginó que bastaban la sonrisa y la obsecuencia para modificar la posición intransigente del Reino Unido. Por eso insólitamente calificó de “muy linda” la reunión de Davos, en la cual el primer ministro David Cameron le aclaró que de ninguna manera iban a conversar acerca de la soberanía sobre las Malvinas. Pero lo que ocurrió fue más grave: no existen antecedentes de que el gobierno argentino no haya replicado un comunicado como el emitido por el Foreign Office con posterioridad a la citada reunión. Era necesario dejar en claro que nuestra posición respecto al diálogo se basa en la Resolución 2065 de las Naciones Unidas, aprobada hace 50 años por la comunidad internacional sin votos en contra. Allí se afirma que el único camino posible para la resolución del diferendo por la soberanía exige una negociación bilateral entre el Reino Unido y la Argentina. Por eso ningún organismo multilateral o país del mundo reconoció la ilegítima consulta hacia los isleños a la que hizo referencia Cameron en la reunión.
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