11 may. 2015

El telefono rojo

El jueves 1º de abril de 1982, las tropas y las tripulaciones del convoy militar que navegaba por aguas sureñas tuvieron, a las 11.30, la certidumbre de su destino, cuando el contraalmirante Busser, a traves de los altoparlantes, informo de la mision encomendada por el gobierno nacional y se explayo sobre lo que se esperaba de todos los combatientes. La revelacion fue recibida con vitores y expresiones de patriotismo. Poco despues se celebro una misa en la popa del "Cabo San Antonio", mientras los temporales arreciaban al pasar frente a las costas del Golfo San Jorge, Comodoro Rivadavia y mas al Sur, ya navegando frente a las islas que iban a ocupar. Al mediodia, en una racha de calma un helicoptero del "Santisima Trinidad" treansporto al contraalmirante Busse y al capitan de navio Estrada, que efectuaron una reunion a bordo de la fragata misilistica, en cuyo transcurso se ratifico la ordel del desembarco, la fecha y la hora, asi como supieron que los ingleses, en Puerto Stanley, esperaban el desembarco argentino.
Al anochecer se divisaron las primeras luces de la costa malvinense y a las 22 horas del 1º de abril todo estaba listo para iniciar la operacion. Entretanto, a 2.000 kilometros de alli, se habia desarrollado un dramatico capitulo de la historia en las relaciones de la Argentina con EE.UU. El telefono rojo ubicado sobre el escritorio del despacho del presidente, general Gultieri, habia traido la voz ansiosa del mandatorio norteamericano, Ronald Reagan, quien deseaban hablar con el presidente argentino.
Requerido el interprete de guardia, la conversacion se desarrollo en nerviosos terminos.
- Señor presidente -expreso Reagan- quiero comunicarle que estoy muy preocupado por la eventualidad de un ataque militar a las islas Malvinas. Mi gobierno esta muy inquieto por la gravedad de la situacion.
- Comprendo su preocupacion, señor presidente, y se lo agradezco. Pero debe ud. sabes que hemos medido todas las consecuencias y que mi pais no renuncio jamas a su soberania sobre las islas. Lamento comunicarle que ya no hay tiempo para el dialogo. La situacion esta en un punto del que no se puede retornar. A pesar de nuestra posicion de negociacion, que se extendio durante años.
- Permitame que insista, señor presidente. Conozco a la primer ministro britanica y se que no dra marcha atras. Estoy seguro de que recurrira a la fuerza...
- Si asi lo hace, sera su responsabilidad. Le repito, ya no hay nada que podamos hacer.
- Lo lamento general Galtieri. A pesar de eso, sepa usted que estoy dispuesto a promover negociaciones para buscar una solucion digna pero pacifica al conflicto de su pais con Gran Bretaña.
- Muchas gracias, señor  presidente. Y muchas gracias tambien por llamar.
- Buenas noches para ud.
- Y buenos dias para ud., señor presidente...
Apenas terminada esta conservacion, un funcionario entro en el despacho presidencial trayendo un papel. Era el mensaje de que en las islas Malvinas se estaba combatiendo.
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