15 jun. 2015

Viaje de Vespucci

Sobre el tercer viaje de Amerigo Vespucci, no se posee mas que su propio testimonio, expresado en dos cartas conocidas en vida del autor; la primera (1503), dirigida a Lorenzo di Pier Francesco de Medici, contiene muy pocos detalles geograficos. La segunda, fechada tambien en Lisboa (4 de septiembre de 1504) y dirigida al confalonero de Florencia Pier Soderini, presenta un resumen de los "cuatro viajes", con indicaciones bastante minuciosas acerca del que nos interesa. Se ve que la autenticidad de los viajes del florentino, es muy sospecha. Especialmente la realidad del tercero y del cuarto, que habia hecho por cuenta del rey de Portugal, es atacada por los eruditos de esta nacion que se fundan en la ausencia absoluta del nombre de Vespucci y aun de toda ilusion a dichos viajes, en los innumerables documentos de la Torre del Tombo y de los otros archivos, examinadas por ellos. La objeccion, en efecto, es casi decisiva si se consideran las mil formalodades a las que daba lugar un viaje de descubrimientos y las huellas escritas que dejaba en todas partes.
Como quiera que sea, descartando toda discusion sobre el origen de la carta a Soderini y considerando esta en si, nos vemos conducidos -tan considerables son los errores enormes del documento- a este dilema inevitable: o la carta es obra de un falsario, cosmografo y piloto de salon, que jamas ha hecho la navegacion que describe, o bien Amerigo Vespucci era aquel hombre. De estas imposibilidades o errores groseros, que chocan jocosamente con las pretensiones cientificas del personaje, citare solo aquellos que se refieren a nuestro caso. Dicese, en la relacion, que despues de haber pasado el cabo San Agustin, se navego con tierra a la vista hasta el grado 32º de latitud donde "la Osa Menor habia desaparecido y la Osa Mayor veiase apenas sobre el horizonte". Humboldt ha hecho notar que esta situacion corresponderia no a 32º, sino a menos de 26º de latitud austral.
El autor de la carta es, por otra parte, tan poco consciente de sus pretendidas observaciones que nos dice, en la pagina siguiente, cuando se han vuelto a poner en camino hacia el jaloque o sureste: "navegamos tan lejos, que nuestra latitud austral era de 52º, de manera que no veiamos mas las dos Osas. ¡Hacia mucho tiempo que no podian ver la Osa Mayor y todavia menos la otra! Agrega que se hallaban entonces "a 500 leguas al S.E." del puerto arriba nombrado y, en fin, que en este lugar y en este momento "que era invierno en estos parajes, las noches duraban quince horas". Hay incompatibilidad. Si habian navegado 500 leguas hcia el S.E., desde el 26º, no se hallaban mas que a 46º longitud del dia es aun mas absurda. Humboldt hace notar que aquella corresponderia, para el 7 de abril, a la latitud observar austral de 72º 13'; y no tenemos necesidad de hacer observar que el 3 o el 7 de abril no es invierno, sino principio de otoño. Adoptando la estimacion mas comun, o sea la distancia recorrida al S.E. desde la ultima permanencia en la costa meridional del Brasil, caeriamos en pleno Atlantico del Sur, a unas 200 leguas al norte de Nueva Georgia, a mas de 300 al este-noroeste de las islas Falkland. Es alla, pues, precisamente -o vagamente- donde el autor de la Carta señala no una isla ni un archipielago de islotes, sino una tierra larga, "aspera e inculta, que el ha costeado por espacio de veinte leguas". Ante la imposibilidad de determinar plausiblemente esta tierra fantastica, Humboldt se limita a decirnos que "en la historia de la geografia, es prudente no querer explircarlo todo". Acaso seria mas juicioso aun no querer aceptarlo todo...
Y sin embargo, a pesar de lo que acabamos de escribir, nos tienta un ensayo de explicacion, una simple conjetura que damos solo como tal, sin asignarle mas importancia que la conveniente. Bastaria una palabra cambiada en el texto -el suroeste en lugar del sureste o, segun la terminologia entonces usual, el libeccio puesto en luhar del scilocco- para que el sentido apareciera claro y logico. Despues de habernos dado como causa de la expedicion la busqueda de un pasaje al oeste, se nos muestra a los capitanes y pilotos enviados a este efecto, dejando de subito de costear el continente para alejarse, de lanzandose sin rumbo hacia el sureste. Pensamos que el cambio propuesto proporciona la unica interpretacion racional que, gracias a la navegacion costanera continuada hacia el suroeste, explicaria de modo bien simple la "tierra aspera e inculta, costeada por espacio de 20 leguas" en los acantilados de la Patagonia. Esta hipotesis, finalmente, es menos imprevista de lo que parecia: la veremos reaparecer, en seguida, a proposito de la problematica Maidenland descubierta por Hawkins.
Terminamos con una ultima razon que, desde nuestro punto de vista especial, torna inutiles todas las otras: hasta en el caso en que las tierras entrevistas por Amerigo Vespucci no fueran otras que las islas Malvinas o Falkland, este descubrimiento no constituiria el menor titulo en favor de España, porque se sabe, y la Carta lo declara ya en la primera linea, que la expedicion era hecha por cuenta del rey de Portugal.
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