8 may. 2015

Una bandera al viento

El jueves 18 de marzo de 1982, tecnicos y operarios arribaron a puerto Leith, en la isla San Pedro, en medio de un viento cortante y gelido, luego de viajar durante 7 dias en el "Bahia Buen Suceso". Un panorama desolador los recibio, instalaciones de empresas balleneras semidestruidas, abandono, silencio y frio que, en las mañanas y los crepusculos, aumentaba con la niebla y las lloviznas, hasta provocar una temperatura media de 2 centigrados. Los hombres que llegaron ese dia a la isla San Pedro no eran balleneros ni marinos, sino trabajadores y tecnicos acostumbrados al clima continental y a las tareas propias de su oficio. Habian aceptado trabajar 3 años lejos de sus hogares por una paga que triplicaba los sueldos mensuales comunes. Cada dos meses los trasladariaan al continente para que pasaran unos dias con sus familias.
Alrededor del viejo y destartalado muelle de puerto Leith, en la ladera del monte Paget, de 2.800 metros, se amontonaba un grupo antiguos edificios de madera y chapa, semiderruidos, un puñado de chimeneas, calderas oxidadas, gruas enmohecidas, aparejos y grandes piletones donde años atras se volcaba el aceite de ballena, una vez derretida la grasa. En el centro de esa fantasmal factoria se erigia un grueso mastil, medio vencido por los fuertes viento. Bajo la direccion de los tecnicos Antonio Patane y Ricado Cacase, los hombres bajaron herramientas, algunos maquinas, viveres, elementos diversos y el equipaje de los trabajadores.
El doctor Ruben Pereira, medico del equipo, desembarco portando una caja de madera lustrada y acompañado por Patane y Cacase se acercaron al mastil, en el que, luego de sacarla de la caja, izaron una flamante bandera azul y blanca, la enseña de la Republica Argentina. Mientras el paño subia el grupo de operarios, reunidos al pie del mastil, entonaron el Himno Nacional Argentino, a coro con la tripulacion del "Bahia Buen Suceso", formada en cubierta.
Toda la escena habia sido observada por uno de los escasos residentes de la isla San Pedro, un ingles de apellido Hurchinson, desde una distancia de 500 metros, tras unas piedras. Entre asombrado y perplejo corrio hasta el cuartel de los infantes de marina, 9 en total, en Grytviken, anunciado a los gritos que "los argentinos estaban invadiendo" el lugar. El oficial a cargo de la guarnicion britanica se traslado en el vehiculo militar hasta una altura y desde alli comprobo que era cierto, los argentinos habian desembarcado y estaban acampando. No vio soldados por eso no le impidio creer que, efectivamente, estaban siendo invadidos. De vuelta al pequeño cuartel, desde la oficina de radio se comunico con el gobernador de Malvinas, Rez Hunt, a quien informo de lo que sucedia.
Dos horas despues de recibir la informacion del oficial a cargo en Grytviken, el gobernador ingles del archipielago ordeno la salidad del buque "Endurance", con124 hombres, dos helicopteros y dos cañones de 30 milimetros, rumbo a la islas San Pedro. En tanto el barco de la marina real inglesa navegaba hacia las Georgias del Sur, Londres presentaba protestas entre el gobierno argentino, amenazando con la accion belica del "Endurance" ante lo cual las autoridades de Buenos Aires dispusieron que las fragatas artilladas "Drummond" y "Grandville" y el barco de apoyo "Bahia Paraiso" siguieron a la nave inglesa, previniendo un ataque contra los trabajadores argentinos en San Pedro.
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