La pesca es uno de los factores económicos y estratégicos más importantes de la Cuestión Malvinas. Las aguas que rodean las islas forman parte de una de las regiones pesqueras más ricas del Atlántico Sur y albergan especies de alto valor comercial, especialmente calamares, merluza y merluza negra.
Así, detrás de la conocida disputa territorial existe también una dimensión económica de enorme importancia: quién administra, controla y obtiene beneficios de los recursos naturales del Atlántico Sur.
La pesca, una actividad fundamental para la economía de las islas
La importancia económica de la pesca alrededor de las Malvinas creció especialmente desde la década de 1980.
La administración británica de las islas estableció zonas de conservación pesquera y desarrolló posteriormente un sistema de licencias mediante el cual empresas y embarcaciones pueden acceder a diferentes especies.
Actualmente existen distintas categorías de permisos de acuerdo con el recurso que se pretende capturar.
Entre las especies más importantes aparecen:
el calamar argentino o Illex argentinus;
el calamar patagónico Doryteuthis gahi, conocido comercialmente también como Loligo;
la merluza;
la merluza negra;
rayas y otras especies de peces.
La propia administración de las islas reconoce que la venta de derechos y licencias vinculadas a la actividad pesquera constituye una de sus principales fuentes de ingresos.
Esto explica por qué la pesca no puede analizarse solamente desde el punto de vista ambiental. Es también uno de los pilares económicos que permiten sostener la estructura administrativa existente en las islas.
El calamar: protagonista de la pesca en el Atlántico Sur
Entre todos los recursos, los calamares ocupan un lugar central.
El Illex argentinus, conocido como calamar argentino, es una especie migratoria que se desplaza por enormes extensiones del Atlántico Sudoccidental.
Su distribución no reconoce límites políticos.
Durante diferentes momentos del año puede encontrarse dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina, en aguas internacionales y en los espacios marítimos circundantes a las Islas Malvinas.
Precisamente esa característica convierte su administración en un problema particularmente complejo.
La población de Illex presenta además importantes variaciones de un año a otro. Las capturas pueden aumentar o disminuir considerablemente dependiendo de factores oceanográficos, ambientales y biológicos.
Los documentos pesqueros de las islas muestran hasta qué punto puede variar este recurso: en 2015 las capturas alcanzaron niveles extraordinariamente elevados, mientras que en años posteriores los resultados fueron considerablemente diferentes.
Esta variabilidad obliga a realizar evaluaciones periódicas y eventualmente modificar temporadas o niveles de esfuerzo pesquero.
El otro gran recurso: el calamar patagónico
Otra especie de enorme importancia comercial es el Doryteuthis gahi, denominado habitualmente Loligo por la industria pesquera de las islas.
Se encuentra principalmente alrededor del archipiélago y también sobre sectores de las plataformas continentales argentina y chilena.
La actividad pesquera sobre esta especie se desarrolla tradicionalmente en dos temporadas: una durante los primeros meses del año y otra entre agosto y comienzos de la primavera austral.
Los acontecimientos recientes demuestran, sin embargo, que incluso una actividad económica tan importante está condicionada por la necesidad de conservar el recurso.
Durante 2025, por ejemplo, existieron problemas vinculados con la biomasa disponible. La temporada invernal fue finalmente cerrada anticipadamente cuando las estimaciones se aproximaron a los niveles establecidos como límite de seguridad.
La situación resulta particularmente significativa porque evidencia que los recursos pesqueros del Atlántico Sur no son ilimitados.
Una explotación sostenible requiere información científica, controles y coordinación regional.
¿Cómo funciona el sistema de licencias?
La administración de las islas divide la actividad pesquera mediante distintas categorías de licencias.
La denominada licencia B corresponde principalmente a la captura del Illex. Otras categorías permiten pescar calamar patagónico, merluza, merluza negra, rayas o combinaciones de determinadas especies.
También existen mecanismos de cuotas y derechos de pesca de largo plazo para parte de las pesquerías.
Para 2026 continuaron vigentes distintas medidas de administración de las capturas y del esfuerzo pesquero. En algunas categorías de peces se mantuvieron niveles de esfuerzo similares a los de años anteriores mientras se revisan los sistemas de asignación.
En el caso de la merluza negra, por ejemplo, los documentos técnicos para 2026 mantuvieron una captura total permitida de 1.040 toneladas para la pesquería específica.
Detrás de estos mecanismos existe, por lo tanto, una verdadera administración económica de los recursos marítimos.
Y allí aparece inevitablemente la disputa de soberanía.
La posición argentina frente a las licencias pesqueras
La República Argentina no reconoce la legitimidad de las licencias otorgadas unilateralmente por las autoridades británicas en los espacios marítimos circundantes a las Islas Malvinas.
La posición argentina sostiene que existe una disputa de soberanía reconocida internacionalmente entre la Argentina y el Reino Unido y que, mientras esa controversia permanezca sin resolver, ninguna de las partes debería adoptar medidas unilaterales que modifiquen la situación existente.
En este punto adquiere especial importancia la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1976, que solicita a las partes abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación mientras continúa el proceso recomendado por Naciones Unidas.
Durante 2026 la Cancillería argentina volvió a cuestionar expresamente el otorgamiento de licencias para la explotación de recursos naturales, incluyendo pesca e hidrocarburos, en las áreas comprendidas por la disputa de soberanía.
Por lo tanto, existen dos posiciones claramente enfrentadas.
La administración británica de las islas gestiona y regula la actividad pesquera mediante su sistema de licencias.
La Argentina, en cambio, considera ilegítima esa administración unilateral de los recursos naturales.
El problema no termina alrededor de Malvinas
La cuestión pesquera del Atlántico Sur es todavía más amplia.
Cada año numerosos buques extranjeros operan inmediatamente fuera de la Zona Económica Exclusiva Argentina.
En esas aguas internacionales se concentran flotas de distintas nacionalidades atraídas fundamentalmente por el calamar y otras especies de valor comercial.
La Prefectura Naval Argentina realiza un seguimiento permanente de esta actividad mediante sistemas de control satelital y publica información sobre el posicionamiento de la flota extranjera en el área adyacente a la Zona Económica Exclusiva, las Islas Malvinas y las Georgias del Sur.
En marzo de 2026, además, autoridades argentinas mantuvieron reuniones con representantes de China, Corea del Sur, España, Portugal y Uruguay para abordar los desafíos planteados por la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada en las áreas próximas al límite exterior de la Zona Económica Exclusiva argentina.
Esto demuestra que el problema pesquero excede ampliamente la relación bilateral entre Argentina y el Reino Unido.
Es una cuestión regional e internacional.
Un ecosistema que necesita administración conjunta
Existe además un problema biológico fundamental.
Los peces y calamares se desplazan entre distintas jurisdicciones y aguas internacionales.
Un recurso capturado intensivamente en un sector puede afectar posteriormente las posibilidades de pesca en otro.
El Illex constituye probablemente el ejemplo más evidente.
La propia documentación histórica de la administración pesquera de las islas reconoce antecedentes de cooperación científica entre argentinos y británicos para estudiar estos recursos y recuerda que tanto la Argentina como las autoridades de las islas han debido en distintas oportunidades cerrar anticipadamente temporadas para proteger los stocks.
Esto revela una paradoja del Atlántico Sur.
Mientras permanece sin resolución una disputa política y territorial de enorme importancia, el ecosistema funciona como una sola unidad.
La conservación de sus recursos exige necesariamente algún grado de coordinación.
Pesca, soberanía y control del Atlántico Sur
La pesca permite comprender que la Cuestión Malvinas excede ampliamente la superficie terrestre de las islas.
Alrededor del archipiélago existen enormes espacios marítimos con recursos económicos estratégicos.
A la pesca se suman los potenciales hidrocarburos, la biodiversidad marina, las rutas de navegación y la proximidad con la Antártida.
Por eso, hablar de Malvinas significa también hablar del Atlántico Sur.
El control de los espacios marítimos permite administrar recursos, otorgar permisos, desarrollar infraestructura y proyectar presencia sobre una región cuya importancia podría aumentar durante las próximas décadas.
La disputa por las islas posee, por lo tanto, una dimensión económica y geopolítica que muchas veces queda relegada detrás de los acontecimientos históricos de 1982.
Un recurso estratégico para el futuro
En 2026 la pesca continúa mostrando por qué los recursos naturales forman parte inseparable de la Cuestión Malvinas.
El sistema de licencias genera actividad económica alrededor de las islas, pero al mismo tiempo constituye uno de los puntos cuestionados permanentemente por la Argentina.
A esto se agrega la presencia de grandes flotas internacionales en el Atlántico Sur y la necesidad cada vez mayor de preservar especies que atraviesan diferentes espacios marítimos.
La pregunta ya no es solamente quién posee las Islas Malvinas.
También es quién controla el mar que las rodea, quién administra sus recursos y cómo serán preservados para las próximas generaciones.
En esa discusión, la pesca ocupa un lugar central.
Y probablemente seguirá ocupándolo durante muchos años.

