Mostrando las entradas con la etiqueta Tratado Transpacífico. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Tratado Transpacífico. Mostrar todas las entradas

17 jun 2016

Los secretos del Acuerdo Transpacífico (TPP)

Por Sandra Russo del 21/10/2015

Detrás de las sonrisas se esconde la entrega de la soberanía de
los países latinoamericanos
En su discurso del miércoles pasado, CFK citó –y avisó que subiría a su Facebook– un artículo firmado por el Premio Nobel Joseph Stiglitz –y por el profesor del Instituto Roosevelt Adam S. Hersh– sobre “la farsa” del TPP. Recomendó leerlo para entender a qué se le llama eufemísticamente “libre comercio”. Hace diez días, intempestivamente dados los entuertos, las protestas y las presiones no sólo de centrales sindicales sino también de cámaras empresarias tanto de México como de los propios Estados Unidos y Canadá, el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) fue firmado por once países costeros del Pacífico: Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Perú, Singapur y Vietnam. De la región, los tres países firmantes integran la Alianza del Pacífico. Podría decirse que entre los objetivos geopolíticos más importantes por los que fue creada la Alianza del Pacífico, está la firma del TPP.

A ese bloque proponen tributar, de ganar las elecciones, tanto Mauricio Macri como Sergio Massa. No lo dicen explícitamente porque del TPP no se habla: no se escuchó a nadie preguntarles al respecto, ya que no es una pregunta que la audiencia esté esperando, dado que casi nadie sabe ni siquiera que existe ese tratado. Esto tampoco es magia: el secreto está planificado.

Si uno sigue atentamente los términos de ese tratado, prácticamente no necesita saber mucho más sobre la falacia de tantas promesas electorales: se trata de una reedición, aunque mucho más furiosa, del ALCA, al que en la Argentina se le dijo que no en 2005, en un gesto soberano coordinado por Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula. A ese rechazo le debemos en la región la primera década en la que el crecimiento económico trajo más equidad y no más desigualdad.

Esa fue la bisagra que permitió emerger a la Unasur, y que también desató desde entonces sucesivas intentonas golpistas bajo modalidades blandas. Aquí sí podría decirse: no es la política, estúpido, es la economía. O mejor: son los negocios. O todavía con más precisión: son las corporaciones.

Stiglitz y Hersh afirman que lo que se presenta como el mayor acuerdo regional de inversión y comercio de la historia “no es lo que aparenta ser”. No es un tratado de libre comercio, como no lo era el ALCA. Es, como explican Stiglitz y Hersh, “la administración del comercio mundial” por parte de las corporaciones transnacionales más poderosas, dispuestas no sólo a destruir empleo, derechos laborales y pequeñas industrias, sino también a corporaciones más pequeñas, un fenómeno que expresa la fase loca del capitalismo que nos toca. El salvajismo de los términos del TPP, así como el de los otros dos Tratados similares que Estados Unidos impulsa en Europa (el TTIP) y el resto del mundo (el TISA, que abarca a 52 países), es tal, que en los tres casos se vienen desarrollando negociaciones en secreto, y se propone y compromete a los Estados firmantes a seguir manteniendo ese secreto durante cinco años, es decir, más de lo que dura un mandato presidencial en muchos de ellos. Por eso nadie sabe de qué se trata. Los medios de comunicación hacen su parte en lo que se refiere a desinformación.

En la primera semana de octubre, Wikileaks filtró, sin embargo, algunas de las condiciones que impone el TPP a sus miembros. No sólo son leoninas, hipócritas y neocolonialistas, sino ilegales: lo que pretenden las corporaciones es erigirse en un poder supranacional que pase por encima de las respectivas constituciones y los andamiajes legales de cada país. Es una clara renuncia a la soberanía y, en consecuencia, con el nombre de “libre comercio”, a lo que se renuncia es a la libertad nacional respectiva de manejar la propia economía.

El texto de Stiglitz y Hersh desarrollaba lo que sucederá, por ejemplo, en los países miembros, con las patentes farmacéuticas y con la investigación científica. Precisamente, el Capítulo del Tratado que filtró Wikileaks fue el de Derechos de Propiedad Intelectual. “Considere lo que haría el acuerdo –dice el texto de Stiglitz y Hersh– en cuanto a ampliar los derechos de propiedad intelectual de las grandes compañías farmacéuticas, tal como nos dimos cuenta al leer versiones del texto de negociación que se filtraron al exterior”. Lo que se puso a la firma, en efecto, es la aceptación de exclusividad de patentes farmacéuticas y la imposibilidad de que en cada país continúe, crezca o nazca la investigación científica en ese rubro. Se prohíbe la venta de medicamentos genéricos, para dejarle la cancha libre, en stocks y precios, a los grandes laboratorios.

También se filtró que tanto el TPP como el TISA contienen la cláusula ISDS, que en Europa hizo, por su escandalosa naturaleza sometedora, que el Parlamento Europeo frenara el avance del TTIP. Ahora, corporaciones y buitres operan en muchos medios de comunicación y fundaciones para imponer la idea de que el Parlamento Europeo está lleno de vagos que impiden el progreso de la UE. Lo de siempre. La ISDS es la cláusula de arbitraje privado al que se apela cuando un Estado y una corporación entren en conflicto por expectativas de ganancias defraudadas. La privatización de la justicia. La victoria total de las corporaciones, que podrán reírseles en la cara a los Parlamentos y a las jurisdicciones legales.

Stiglitz y Hersh dan el ejemplo de la ex Phillip Morris, un antecedente de esta conducta corporativa depredadora: la tabacalera está en juicio mediante uno de esos “arbitrajes” contra Australia y Uruguay, ya que ambos gobiernos exigieron que las cajas de cigarrillos lleven etiquetas de advertencia sobre los efectos del tabaco. Se montaron en ese juicio porque ya tuvieron éxito hace unos años con Canadá: su gobierno se retractó y dejó que exigir la advertencia en los paquetes de cigarrillos.

Desde México, el periodista Alejandro Villamar trabajó sobre otro punto del TPP que los grandes medios olvidaron informar, y que vaya si era una noticia. Hace un par de semanas, decenas de miles de integrantes de sindicatos canadienses, norteamericanos y mexicanos, y también cámaras empresarias de esos tres países, rechazaron públicamente el TPP. Son los vinculados con la industria automotriz.

El 21 de septiembre los ministros de Comercio de los tres países recibieron una carta firmada por el Instituto Estadounidense del Hierro y el Acero (AISI), la Asociación Canadiense de Productores Siderúrgicos (CSPA) y la Cámara Nacional de la industria del Hierro y el Acero (Canacero), con un mensaje claro: “Ha habido reportes de que está en consideración un más bajo contenido de valor regional para automóviles y autopartes en el TPP. Nuestros miembros se oponen fuertemente a ello”.

Algunas de las manifstaciones contrarias a la firma de la Alianza, en Chile
Por su lado, los grandes sindicatos (la Federación Estadounidense del Trabajo, el Congreso de Organizaciones Industriales, el Congreso del Trabajo de Canadá, y la Unión de Trabajadores de México), se movilizaron en protestas simultáneas y unificaron una propuesta. Uno de sus párrafos dice que, ante la inminente firma del TPP, proponen “una solución al déficit del trabajo decente (de acuerdo con la definición de la OIT) de una manera sostenible, reconstruir nuestras economías mediante el fortalecimiento del mercado interno, aumentando el poder adquisitivo de los trabajadores, y superar las asimetrías entre nuestros países a través de la distribución equitativa del trabajo productivo”. Al que le suene algún término de esta propuesta de trabajadores mexicanos, canadienses y norteamericanos, tiene razón. Lo que piden es otro modelo. Uno que conocemos acá en el sur.

Democracia o corporaciones no es un slogan pasado de moda, sino una aspiración del uno por ciento más rico de la población mundial, vehiculizado a través de gobiernos eunucos que han perdido la noción vigorosa de la política y también el respeto por sus electorados. Si negocian en secreto, de espaldas a sus pueblos, tratados que una vez firmados les quitarán cualquier chance de soberanía política, independencia económica y justicia social, esa capitulación cierra el círculo vicioso: la política no sirve para nada, y si son todos iguales, que gobiernen los tecnócratas. ¿Cuántas veces tendremos que ver la misma película recoloreada y decorada con palabras que expresan lo contrario de los efectos que producen? ¿Y por qué los grandes medios no explican todo esto? Ya sabemos la respuesta. Lo que llaman “progreso” no es sopa. Es olla popular.
Fuente: Página12

Ver: La Nueva Alianza del Pacífico
El Tratado Transpacífico (TTP) viene a robarnos, viene a humillarnos
Argentina en la Alianza del Pacífico: un paso al libre comercio con EE.UU

Argentina en la Alianza del Pacífico: un paso al libre comercio con EE.UU.

Es obvio que detrás de esta Alianza están los intereses
dominantes de Estados Unidos
La Alianza del Pacífico aprobó la solicitud del gobierno de Mauricio Macri para que Argentina se sume al organismo de libre comercio como “observador” por lo que el Presidente asistirá con esa categoría a la cumbre del bloque que se celebrará el 1 de julio en Chile.

El pedido del gobierno argentino fue aprobado por la XV Reunión del Consejo de Ministros de la Alianza del Pacifico.
El canciller chileno, Heraldo Múñoz, confirmó que “Argentina tiene un especial interés por acercarse a la Alianza y presentó la solicitud de ser miembro observador”. Por su parte, Susana Malcorra sostuvo que “hay un claro objetivo del Presidente de empezar a trabajar arduamente en una alianza real con los países del Pacífico”.

La Alianza del pacífico la conforman México, Colombia, Chile y Perú, los cuatro tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos.
Macri viajaría entre el 15 y el 17 de junio a Colombia para participar de un foro económico, y estrechar lazos con el presidente Juan Manuel Santos, uno de los más influyentes en el bloque.

13 jun 2016

El Tratado Transpacífico (TTP) viene a robarnos, viene a humillarnos


Este 5 de octubre se firmó  en Estados Unidos el Tratado Transpacífico, el TTP, el mega acuerdo comercial orquestado por la Casa Blanca con 11 países más.
Las agencias no brindan información clara sobre qué es o de qué se trata esto; se centran en las declaraciones de funcionarios de economía de cada país integrado, sin bajar el tema con un lenguaje claro y fácil de comprender. Y deberían hacerlo, ya que este asunto involucra las vidas de  casi mil millones de personas en el mundo.

¿Y por qué no lo hacen? ¿Por qué no se dedican a explicar la iniciativa?
Las razones, sin embargo, saltan a la vista.
Para empezar, el TTP se ha negociado en secreto.
Sí; de acuerdo con información de algunos blogs, solamente tres personas por cada país conocen a detalle la iniciativa. Pero gracias a unas filtraciones de Wikileaks, es que podemos conocer mejor esta conspiración.

El TTP es un gigantesco acuerdo comercial; una especie de súper tratado de libre comercio. Y cuando digo “libre” me refiero a sin reglas, cero regulaciones, todo vale. Ni más ni menos que el tipo de mercado que siempre soñaron los capitalistas: el que no les limita de nada y les brinda todas las garantías para hacer negocio con prácticamente todo lo que se les antoje. Pero como en Estados Unidos ya saquearon hasta lo invisible, entonces van por los recursos de otros países.

Pues bien, el TTP incluye dos aspectos fundamentales.
No todos están de acuerdo con el TPP
Primero, una iniciativa para limitar y castigar mediante tribunales internacionales  la libertad de expresión en internet. El pretexto es conocido: la supuesta protección de derechos de autor (sí, reedición de la Ley SOPA).
De modo que si alguien considera vulnerada su “propiedad intelectual” podrá demandar ante el país; luego el caso se iría a una corte de la TTP, cuyo veredicto será entregado al Estado de la nación correspondiente para que aplique los términos del acuerdo internacional. Términos que no se conocen en específico. Es decir, no sabe cómo ni qué tipo de sanciones se llevará quien “viole” estas normas.

Y lo segundo que estipula el TPP es la entrega de todo el poder de los recursos nacionales a los monopolios de diversas industrias, desde los alimentos, hasta las farmacéuticas.  De hecho, el presidente Barack Obama ha dicho en un comunicado publicado por The Wall Street Journalque el 95% de sus clientes están fuera de Estados Unidos. Y “clientes” es una forma retórica para decir “territorios de los que tomaremos lo que nos plazca”.

¿Y Quienes participan en el TTP?
Estados Unidos, Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Pero claro, quien fijará la tutela sobre lo que se hace y cómo se hace en este asunto, es Washington.

¿Cómo afecta esto a México? Pues ni más ni menos que es la estocada final a las Reformas privatizadoras que se han impulsado desde 1988 y que bajo la administración de Enrique Peña Nieto vieron la luz

México perderá por completo el control de los recursos naturales. Las inversiones privadas, o de “los mejores inversores” se apoderarán del total de las industrias energéticas (petróleo, energía, telecomunicaciones, energías alternativas), mineras, servicios, comerciales y de todo lo que te imagines.
De hecho, sobre la base de la privatización de los sectores de Salud y Educación, el TTP instará a que sean empresas privadas quienes las administren. Esto significa que se desmantelará por completo el sistema educación y salud pública del país, el cual de por sí viene enfrentando un deterioro planeado.

En suma, desaparecerán el IMSS y el ISSSTE, tal cual se ha venido documentando con las modificaciones a la ley que han determinado que poco a poco estas instancias únicamente vayan atendiendo enfermedades menores, en tanto otros tratamientos de primer nivel como cáncer o diabetes, se cubran mediante la adquisición de un seguro privado. Así funciona en Estados Unidos. Así pasará aquí. Y a esto súmale que las patentes estarán protegidas de competencia, dejando que las farmacéuticas cobren lo que se les antoje por los medicamentos…

¿Las playas y los bosques?
Bienvenidos campos de golf y resorts para quien lo pague.
Se tiene qué ver el TTP como la homologación del capitalismo del tipo gringo en todos los países que lo suscriben.

¿A qué me refiero?
Por ejemplo, la creación de un modelo de hipotecas donde a cambio de unos dólares, el banco se hace dueño de tu casa mediante intereses que pueden ser aumentados a capricho de la institución, convirtiéndolos en deuda impagable y terminando por echarte a la calle. Esa fue la causa de la crisis inmobiliaria del 2008. Estados Unidos y otros países como España echaron a mucha gente a la calle y no obtenían nada de dinero, porque, además, no había (no hay) trabajo y el que había (o hay) estaba precarizado. Entonces se vino una crisis. El problema es que los Gobiernos no tenían dinero para pagarla ¿Y qué se les ocurrió? Cargar el gasto a la clase trabajadora, recortando el presupuesto para servicios básicos, liquidando derechos laborales, aumentando la edad de jubilación, subiendo los impuestos como el IVA, entre otras maravillas.

El lucro como prioridad. Negocio con lo que sea…. Pero no para todos, no. Si pensabas que esta era tu oportunidad para acumular capital, despierta,toda la ganancia es para los monopolios.
El TTP pretende dominar el 40% de la economía mundial y hacerle frente al embate de China, que junto a Rusia y algunos países de Sudamérica, están dejando sin pastel a Washington. Para finales del próximo noviembre se tendrá listo y se anunciará públicamente.

Entonces tenemos por un lado el fortalecimiento de los monopolios, y por el otro, medidas punitivas para coartar las libertades de quienes quieran protestar. ¿Negocio redondo, no? Pues si no pasa algo antes, si no despertamos a tiempo y ocupamos las plazas, paramos la producción y nosotros, la clase trabajadora nos apropiamos de las industrias, entonces sí, aquí estaremos luego, conquistados, más pobres, más humillados.
Por Alberto Rodríguez
Fuente: Telesur TV

La Nueva Alianza del Pacífico

Estados Unidos cerró un acuerdo con 12 países de la zona Pacífico, que en conjunto reúnen el 40 por ciento de la economía mundial, para crear una nueva área de libre comercio. El Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés) tiene como su segundo socio más fuerte a Japón e incluye a tres países latinoamericanos, Chile, México y Perú.

El acuerdo, anunciado hoy, es resultado de negociaciones desde el miércoles pasado en la ciudad de Atlanta, donde se esperaban solucionar las últimas diferencias técnicas entre los dos países de mayor poderío económico: Estados Unidos y Japón. Los negociadores habían retrasado el anuncio conocido hoy por diferencias sobre acceso a mercado de productos lácteos y sobre nueva generación de biomedicina.

El ministro japonés de Política Económica y Fiscal, Akira Amari, y el representante de Comercio de los Estados Unidos, Michael Froman, participaron en las conversaciones finales para levantar las barreras al comercio entre las principales economías ribereñas del Pacífico.
Tras el anuncio oficial, el canciller chileno, Heraldo Muñoz, se declaró "satisfecho" con el cierre de las negociaciones, en las que se resguardaron "todas la sensibilidades del país".

El resultado de las negociaciones fue satisfactoria para Chile, uno de los promotores del acuerdo, porque, entre otros puntos, se impuso su postura para la protección solo por cinco años sobre medicamentos biológicos.
"La discusión sobre este tema en particular, altamente sensible para nuestro país, es lo que prolongó la negociacIón por dos días, y el resultado ha sido satisfactorio para nosotros. Se ha resguardado lo que decíamos, son cinco años los de protección y no más", precisó Muñoz.

El acuerdo del TPP, cuyas negociaciones comenzaron en 2008, concentrará a doce economías y ha sido remarcado como una señal de la importancia de la región Asia-Pacífico, que cubre el 40 por ciento de la economía mundial. Además de EEUU, Japón y los latinoamericanos, los países integrantes del TPP son Australia, Brunei, Canadá, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam.

El presidente estadounidense, Barack Obama, que presionó para que avance este acuerdo y otro con la Unión Europea, alcanzó una victoria al conseguir que el Congreso acepte el trámite de pactos comerciales por la vía rápida, con lo que sólo podrán aprobarlos o rechazarlos, pero no enmendarlos. No obstante, no se espera que el pacto pueda someterse a voto en el Congreso hasta el próximo año.

Fuente: Página12